Definitivamente
parece confirmarse que este invierno
que viene, será duro.
Adelantaron
las lluvias, y el Gobierno,
reunido en consejo de ministros,
no se sabe si estudia a estas horas
el subsidio de paro
o el derecho al despido,
o si sencillamente, aislado en un
océano,
se limita a esperar que la tormenta
pase
y llegue el día, el día en que, por
fin,
las cosas dejen de venir mal dadas.
En la noche de octubre,
mientras leo entre líneas el periódico,
me he parado a escuchar el latido
del silencio en mi cuarto, las
conversaciones
de los vecinos acostándose,
todos esos rumores
que recobran de pronto una vida
y un significado propio, misterioso.
Y he pensado en los miles de seres
humanos,
hombres y mujeres que en este mismo
instante,
con el primer escalofrío,
han vuelto a preguntarse por sus
preocupaciones,
por su fatiga anticipada,
por su ansiedad para este invierno,
mientras que afuera llueve.
Por todo el litoral de Cataluña llueve
con verdadera crueldad, con humo y
nubes bajas,
ennegreciendo muros,
goteando fábricas, filtrándose
en los talleres mal iluminados.
Y el agua arrastra hacia la mar
semillas
incipientes, mezcladas en el barro,
árboles, zapatos cojos, utensilios
abandonados y revuelto todo
con las primeras Letras protestadas.
De: «Moralidades», 1959
Recogido en «Las personas del verbo»
(Poesía completa de Jaime Gil de Biedma)
Ed. Galaxia Gutenberg 2012
***No es octubre pero es tan actual que no he podido resistir la tentación de publicarlo .

