Desayunos Artesanos Volumen III
Luce su sobrepeso sin pudor,
y nunca juega al fútbol.
Suele bajar los ojos cuando me
habla
y a veces no está solo.
No importa que su madre le
defienda
eso, no siempre es malo.
Hoy vuelvo a ver las manchas de ese
chándal
y los bordes doblados de esos libros.
Le pido los trabajos que hizo ayer
y un par de lonchas tristes, asustadas
de una mortadela cómplice
aparecen al abrir su cuaderno.
Hecho verídico que aunque a primera vista parezca divertido , si lo piensas, es muy triste.
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